Hombre libre es aquel que tiene libertad para expresar sus pensamientos, no acepta imposiciones que atenten contra sus principios, ni está sujeto a la voluntad de un tercero; no está atado a ningún dogma que oscurezca su inteligencia y pervierta sus sentimientos, y carece de vicios que lo esclavicen. Para ser hombre de buenas costumbres deberá obedecer las leyes del país en que reside, venerar a su patria, y honrar a su familia; ser tolerante y respetuoso con las ideas políticas y religiosas de sus semejantes. Imponerse la seriedad de los conceptos, el decoro de las formas y observar una conducta moral y la ética en su vida privada y pública. Y para esa lucha que ya tenemos instalada y con la que ingresamos al nuevo milenio, nuestra Orden cuenta con sobrados elementos, expresados en tradiciones, principios, símbolos, doctrina y, lo más importante, hombres masones para hacerle frente con suficiencia en la medida que concienticemos este fenómeno y recreemos algunas básicas cuestiones propias, que desgranaré de inmediato comenzando por nuestro orden interno.

¿Por qué poseer inteligencia y cultura necesaria para comprender y practicar las virtudes masónicas?

Para captar realmente lo qué es y lo qué no es la masonería deberá introducirse en los misterios de la Orden y descifrar sus alegorías, signos y símbolos con un alto sentido espiritual mediante un razonamiento en que la lógica y las matemáticas no se excluyen. Y constantemente deberá consultar fuentes filosóficas que van desde Sócrates hasta los filósofos de nuestro siglo, sin descartar lo que las religiones nos aportan. Un ejemplo de ello es el teorema de Pitágoras, teorema éste usado por la masonería como símbolo de toda proposición por medio de la cual, partiendo de una hipótesis, se afirma una tesis que no es evidente por sí misma.