El Solsticio: Momento para autoevaluarse

El solsticio de verano ha sido reconocido y celebrado por muchas culturas a lo largo y ancho del mundo. Los antiguos egipcios, por ejemplo, construyeron las grandes pirámides de forma que el Sol, visto desde la esfinge, se situase exactamente entre dos de las pirámides en el solsticio. La cultura inca celebraba su correspondiente solsticio de invierno con una ceremonia llamada Inti Raymi, que incluía ofrendas de comida y sacrificios de animales e incluso de personas.

Y quizás el más famoso, el monumento de Stonehenge en Reino Unido, ha sido asociado con los solsticios de verano e invierno durante más de 5.000 años. Los observadores en el centro de estas piedras pueden contemplar el amanecer del solsticio de verano sobre Heel Stone, que se encuentra justo en el exterior del círculo principal de Stonehenge, asi también la naciente Iglesia católica en el concilio de Nicea celebrada en el 325 D.C. fija como fecha de nacimiento del Cristo el 25 de Diciembre, ya que el mismo representa la Luz que triunfa sobre la oscuridad.

Si una fiesta fue tantas veces representada e incluso marcada con construcciones, personajes e historias no la tenemos que tomar a la ligera.

En el Solsticio de Invierno, la luz y la oscuridad tienen un significado muy especial para la Masonería ya que una representa el inicio y el otro el fin, es un llamado a todos los hombres para que analicemos nuestra vida, contemplemos nuestros, amaneceres, atardeceres y ocasos diarios.

Todos desde pequeños guardamos recuerdos bellos de esta época del año que en si representa un tiempo de paz y de compartir, pero para todo iniciado se le suma un valor más, que es el del compromiso ¿Porque el compromiso? Se preguntaran, como masones buscamos ser luz del mundo a través del conocimiento adquirido pero sobre todo de nuestras acciones, entre filósofos existe un dicho, “La sabiduría es actuar” de nada sirve participar de bellas ceremonias, redactar grandes planchas y ostentar condecoraciones y un lindo mandil si al fin seguimos siendo el mismo hombre viejo, segado por costumbres, atado por dogmas y esclavizado por sus pasiones.

El solsticio para nosotros tiene que ser un nuevo nacimiento, así como el sol se oculta y luego emerge así tiene que ser la vida diaria de todo Masón puesto que al iniciarnos optamos por un cambio, por una reconstrucción personal.

Nuestro más firme deseo tiene que ser el abocarnos decididamente a la construcción del Porvenir. Que podamos pulir nuestra piedra bruta para obtener la piedra cúbica y con ellas edificar el Templo de la Humanidad. Para ello es necesario reunir a los hombres de buena voluntad, libres y de buenas costumbres que desean un mundo mejor. Unir lo que está disperso. Nuestra argamasa es precisamente el Amor de la Cadena de Unión. Los lazos que nos unen deben ser realmente de Amor y de Unión.

Esa es nuestra meta, trabajar, y al igual que el Sol que en el Solsticio de Invierno comienza su marcha ascendente, difundir la Luz del Conocimiento y el Bien para vencer las tinieblas de la ignorancia y el mal. Es hora de ponernos en marcha. Estamos seguros de que si todos nos empeñamos lo lograremos y a partir de este Solsticio los días se harán más largos venciendo a la oscuridad con la llegada de la Luz de la Verdad.

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